Para mi es muy importante estar en una constante revisión de los aspectos que considero más importantes en la vida. Gente a la que aprecio mucho me enseñaron que en ocasiones la comprensión profunda de un concepto se logra redescubriendo su antónimo.

Recientemente he revisado tres conceptos importantes. El amor es el primero de ellos. Lo primero que me viene a la cabeza para su antítesis tal vez sería el odio o el miedo. Pero la ausencia de estos sentimientos no implica en ninguna medida que exista amor.

Durante mucho tiempo he estado convencido de que el egoísmo era sin lugar a dudas la cara opuesta del amor. Pero si me paro a pensarlo, aunque la generosidad se parece mucho al amor, creo que no necesariamente lo incorpora. Hace pocas semanas llegué a una nueva conclusión : la separación es realmente su antagónico.  Sentirme unido a algo implica de forma inherente que lo amo. Pero cuidado, amar es una de nuestras necesidades por excelencia, saber amar implica dos aspectos: tanto ser capaz de abrirnos a la intimidad y al contacto, a ser capaz de dar y recibir, como a la habilidad para separarnos y relacionarnos como seres completos. Es muy fácil confundir el apego con el amor.

Hay una creencia con la que también comulgo: en la base de todos los fenómenos siempre se encuentra el amor. El odio o el rechazo no es más que amor estancado. 

¿Y qué hay de la felicidad? Deconstruir este concepto me ha resultado aún más complicado si cabe. Siguiendo la misma lógica, la ausencia de tristeza no implica felicidad. De hecho, esta en esencia es una de las grandes limitaciones de la psiquiatría: que la máxima para tratar aspectos como la depresión sea llegar a un punto donde hay ausencia de sufrimiento. Experimentar una vida sin gozo no me parece suficientemente ambicioso. 

En la esencia de felicidad esta la sensación de que seguimos un camino que nos va permitir evolucionar a nivel emocional, físico y espiritual. Por tanto el antónimo de la felicidad sería la duda.Una de las sensaciones más difíciles es no tener claridad a la hora de tomar una decisión. Hoy más que nunca, las posibilidades han aumentado exponencialmente. La duda me genera sufrimiento. Una elección implica desapegarme del resto de posibilidades. Gran parte del problema es mi inclinación a buscar respuestas en mi intelecto. Abrir el corazón esta favoreciendo el acceso a una sabiduría mucho más profunda donde no hay espacio para la duda. El viaje de la cabeza al corazón esta siendo una de las aventuras más apasionantes que he experimentado.

Ya solo nos queda el miedo. Quizá la valentía es lo primero que como a mi te pueda venir a la mente para sus antípodas. Pero de nuevo siento que hay algo más allá. Vivir con libertad se acerca más a una experiencia de la realidad sin miedo. Aún tengo mucho miedo a muchas cosas: el rechazo, la impotencia, la vergüenza, el fracaso, la soledad, el dolor físico, a la enfermedad…Pero ahora entiendo que superar esas limitaciones son parte de mi proceso de aprendizaje. Ahora soy capaz de ver que no son más que estados mentales. No diría que no son reales, porque creo que lo son, pero trascenderlos es parte de mi plan pedagógico

No es posible aprender a amar al prójimo sin haber diluido toda forma de rechazo. La experiencia del valor lleva intrínsecamente traspasar la vergüenza y el miedo. Y creo que en esencia de eso se trata, de transformar nuestras limitaciones y despertar a un mundo de posibilidades ilimitadas.

Cada vez tengo más herramientas y sobre todo mucha confianza en que el trabajo espiritual y mis prácticas diarias me va traer grandes frutos en ese sentido. Para este año te deseo que encuentres las tuyas para que experimentes la mayor de las felicidades.

¡Feliz año nuevo!