No hay duda de que este es un momento para la reflexión. Hace tiempo decidí comportarme como si todos los acontecimientos fueran favorables al confiar en una inteligencia que está más allá de mi comprensión, pero que en definitiva vela por nuestro interés evolutivo.

En ese contexto solo se delimita una pregunta ¿Para qué? ¿Qué propósito tiene todo esto? Se trata de un acontecimiento global, así que tal vez habla de la necesidad de un cambio colectivo. 

Me paro a pensar en la naturaleza de la cosas. Todos los seres somos interdependientes. El propósito de la vida no es más que la expansión y la conexión tanto a nivel físico, psicológico como espiritual. 

El problema con este virus nos tendrá ocupados 3,4 o 5 meses incluso. Me pregunto qué aspecto es tan importante como para que la gracia divina nos facilite  este maravilloso tiempo de reflexión. ¿Qué estamos pasando por alto?

A mi me recuerda que estamos juntos en esto. Que es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa. Que hemos dejado que los intereses económicos y la competitividad sea el eje que define nuestra relaciones. Hemos olvidado que somos todos hermanos y hermanas que junto al resto de las especies tienen la bendición de tener una experiencia en este increíble planeta.

A nivel colectivo no estamos a favor de la vida. Miramos a la naturaleza sin considerarnos parte de ella. La vida se defiende. La madre tierra, como cualquier otro ser vivo, ha de velar por los intereses colectivos de todos sus seres, incluidos nosotros. Ahora somos una amenaza para nosotros mismos, para el resto de las especies y para el propio planeta.

Hemos acumulado mucha negatividad. El egoísmo se encuentra en la base de nuestras estructuras organizacionales. El egoísmo no sirve a la vida. Creer que somos el centro de las cosas además de ser irresponsable, no atiende en absoluto a la realidad de los sistemas que regulan el planeta. Estamos en la antesala del azote climático que no es más que una consecuencia del peor de los «ismos». 

Seguimos idolatrando el materialismo, el individualismo, el hedonismo y el narcisismo. Confundimos el poder personal con la capacidad de manipular y obtener placer. Hemos olvidado que nuestro verdadero poder se mide por nuestra capacidad de comprender, de conectar, de crear y de amar al prójimo. Estamos tan ensimismados en nuestra realidad individual que nos somos capaces de conectar con el sufrimiento de todas las especies que colapsan perplejas ante nuestra sed de deseo y nuestra desconexión con lo divino.  

La vida gira entorno a sistemas muy complejos. Cuando más avanzamos en su comprensión, nos es posible tener más consciencia de nuestras propias limitaciones. 

¿Qué propósito tiene este virus? Para mi no es más que un recordatorio que pone en evidencia la necesidad de una restructuración de nuestro forma de organización colectiva. Evidencia lo que tenemos en común. Nos lleva a la tierra. Nos hace plantearnos lo que es de verdad importante. ¿Y si tu vida fuera tan importante como la que cada uno de los seres que pueblan este planeta? ¿Y si eres la misma chispa de vida que vibra en cada ser?

Para mi es una llamada de atención para que evolucione nuestra consciencia. Es una oportunidad para que nos demos cuenta de que hemos llegado a una serie de acuerdos que no benefician con ecuanimidad a todos los seres ni a los intereses del planeta en su conjunto. Es un grito de la vida para que dejemos de maravillarnos con nuestros ombligos y que empecemos a organizarnos bajo un propósito colectivo que respete y expanda el amor y la vida.

Somos duros de mollera, de eso no cabe duda. Solo reaccionamos cuando estamos hasta el cuello de mierda. Tenemos que tocar fondo. Solo reaccionamos cuando nos da más miedo no cambiar que cambiar. Me encantaría que dejemos de ser tan torpes y empecemos a funcionar desde un principio colectivo de amor. Lo veo un poco dificil la verdad. El problema  es que nuestra misión es esa. He aprendido que en la vida no te puedes saltar ninguna lección. He aprendido que hay una relación inversa entre la violencia con la que me llega el paquete pegadógico, y la resistencia que tengo a aprenderlo.

Si estos acontecimientos te parecen violentos, no puedes imaginar lo que se nos viene encima. No me creas, dedícate a estudiar. Pregúntate en qué estado se encuentra la vida en el mar. Pregúntate cómo está creciendo el consumismo a nivel planetario cuando países como China o India no desean ser menos que Europa o América. Estamos en la antesala de una crisis global sin precedentes. Y la vida seguirá, de eso no hay duda. Lo único que podemos evitar es el declive de la primera civilización global.

Me gustaría tener esperanza en el futuro. Veo la capacidad que tenemos de crear y colaborar y me lleva a pensar en las posibilidades. Lo único que nos separa de un futuro donde la tierra sea el mayor paraíso conocido en el universo, un lugar donde nos auto-proclamamos servidores de la tierra y de la vida, es el miedo. Dicen que más vale malo conocido, que bueno por conocer. Tenemos que cambiar esa visión y creer en nuestra capacidad. Tenemos que dejar de pensar que estamos indefensos y cultivar nuestro poder a nivel individual y colectivo.

En este momento de nuestro desarrollo tú eliges en que decides creer y transformarlo en una serie de acciones concretas. La fuerza de la consciencia colectiva trabajando al unísono es imparable. Yo creo en un futuro con un solo propósito común: acabar con el sufrimiento. Un futuro con una sola intención colectiva: crear bienestar y expandir el amor a todos lo seres.

Confío en ti. Confío en la fuerza del amor. Tarde o temprano llegaremos todos a comprender nuestra misión y nuestra verdadera naturaleza. Llegará un punto donde nuestro único propósito en la vida será crecer en el amor a todo y a todos. Llegará un momento donde reconoceremos que en el servicio a la vida está el gozo definitivo.