Acupuntura Social

Pequeños cambios, grandes transformaciones.

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Mi revolución I

Me gusta el concepto de acupuntura. La idea de extrapolar este método a otros contextos no es mía. Hace ya muchos años un gran amigo me prestó el magnífico libro Acunpuntura Urbana del genial arquitecto Jaime Lerner. A partir de entonces creo que este pensamiento me ha perseguido. Se basa en el mismo principio por el cual cambios en lugares muy específicos, generan una inercia que transforma y equilibra el conjunto.

En este espacio voy a compartir mis impresiones en lo relativo a algunos posibles pequeños cambios que quizá podrían generar una inercia hacia un mundo más equilibrado.

Sin duda creo que el mayor cambio se produciría al transformarnos a nivel individual. Tomar consciencia y ser responsables de nosotros mismos para mi tiene el mayor potencial de transformación que existe. Cada uno de nosotros somos un poderoso punto energético que se integra en el conjunto de la sociedad. Por esto he decido empezar este espacio hablando de mi transformación personal.

El papel en blanco impone. Más si cabe cuando se ha de ordenar y resumir un proceso que ha supuesto una auténtica revolución interior. Si me paro a pensar, el principio de este camino se gesta en gran medida en mi anterior relación. Ella me contagió el amor por la psicología. De esto hace ya unos 4 años. He dejado de creer en la casualidad. Todo es causalidad.

A partir de entonces mi interés en este campo no ha dejado de crecer. En especial por la psicología positiva. No voy a profundizar mucho en este aspecto, ya que muy probablemente lo haré en un futuro. Simplemente diré que ha sido una fuente de inspiración relevante a la hora de adquirir hábitos que han incrementado mi nivel de bienestar.

Dada mi inclinación por la psicología, y gracias a un gran amigo, me sedujo la idea de asistir a una de las reuniones de  Codependientes Anónimos. Se trata de una fraternidad de mujeres y hombres cuyo objetivo es tener relaciones sanas con ellos mismos y con los demás: un entrenamiento emocional y espiritual que nos libera de la necesidad de utilizar a otros como nuestra fuente de identidad y aprobación.

Me pareció especialmente interesante que la metodología de trabajo de los 12 pasos la compartan cientos de miles de personas en el planeta en un sinfín de fraternidades  (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, Sexo Adictos Anónimos…). Mi ánimo por tanto era comprender porqué este sistema era capaz de ser una fuente de recuperación común y, saber qué verdad escondía, me producía una enorme curiosidad que se tradujo en la asistencia a mi primera reunión.

No podía imaginar que ese sería el comienzo de un viaje donde iba se iba a gestar una auténtica toma de consciencia sobre mi persona, y un análisis de los comportamientos que tenía para conmigo, y hacia los demás.

Las palabras son poderosas. En mi caso, la verbalización de algunas de las experiencias de los miembros de CODA han encendido una luz interior que ha iluminado un aspecto de mi mismo del que no era consciente. Y no hay vuelta atrás.

Además del trabajo de los 12 pasos, en CODA el cultivo personal se realiza a través de la asistencia de reuniones donde los miembros comparten en primera persona su proceso de análisis interior. El resto de miembros escucha sin que haya ningún tipo de respuesta ni juicio a la persona que comparte. Esto crea un espacio seguro, una atmósfera de aprobación, apoyo, respeto y amor, que no deja indiferente. Escuchar sin que haya nada que decir es una auténtica liberación tanto para el que habla, como para el que escucha, y toda una forma de terapia en sí mismo. Gracias a ello me ha dado cuenta de que al margen de nuestra procedencia, sexo, profesión etc… todas las personas sufrimos generalmente por cosas muy semejantes.

Hablar de mis fantasmas y expresar mis limitaciones en un entorno seguro,  transforma mis preocupaciones en algo más pequeño, menos avergonzante.  Hay un dicho que escuché hace poco: «La luz no conoce la sombra». Compartir ilumina mis problemas y los empequeñece,  ocultar mis miedos los magnifica.

Y aquí está una de las claves que me ha aportado el proceso: soy lo que alimento. Esto es un compromiso de toma de consciencia donde apago el automático y analizo qué me estoy dando, y qué estoy dando a los demás. En mi comportamiento reside la verdadera visión que tengo de mi. ¿Dónde decido poner mi tiempo y mi energía?¿Por qué?¿Para qué?

No es tarea fácil. No se puede apagar el automático de golpe. Tengo una inercia física, química y psíquica que se ha consolidado a lo largo de mi vida. Este es un proceso al que he de enfrentarme con paciencia, mucha compasión y comprensión.

Otro aspecto que  forma parte de este viaje, es definir y acotar el significado de palabras en cuya dimensión en ocasiones no había reparado: el amor, la felicidad, la alegría, la compasión, la gratitud, dios, sufrimiento, dolor, el ego…

“¿Qué es amar Javi?” No hace mucho una buena amiga me hizo esta pregunta poniendo en evidencia que nunca me había planteado algo tan importante. Había mucha confusión en una terminología que es clave en mi bienestar. Creo que en cierta medida es el primer paso a la hora de hacerme responsable de mi mismo. 

Este es también un proceso de contemplación. Es una proceso en el que se para de mirar hacia a otro lado cuando las sensaciones de angustia, ansiedad, vacío, soledad y tristeza llegan a mi vida. Es un proceso en el que deja de tener sentido escapar de esos sentimientos a través cualquier tipo de adicción o desconexión, ya que empiezo a ser consciente de que no hay nada que temer, y que huir solo me aleja de comprender y paliar esta sensación de vacío. Trabajo en no rechazar ninguna emoción, y las experimento como parte inherente del proceso de despertar interior. Dejo de catalogarlas y amplificarlas por medio de procesos mentales. Vivo cada emoción como una pista hacia un autoconocimiento. Las empiezo a entender como oportunidades de crecimiento.

Creo que este tipo de sensaciones  tiene que ver en gran medida con la angustia que me produce no saber si las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida han sido o no han sido acertadas. Tiene que ver con la ansiedad que me genera pensar que no soy lo suficiente, que no he hecho lo suficiente, que no he sacado todo el jugo a una vida que se me escapa entre las manos.

Aparento saber quién soy y qué quiero. En lo más profundo de  mi corazón soy muy consciente de esta ilusión y la realidad es que en la mayor parte de las ocasiones no tengo ni la menor idea de porqué ni para qué estoy aquí.

Dadas estas circunstancias y que me incomoda esta realidad, generalmente decido delegar mi poder para definir mi identididad y lo deposito en otras personas u otras cosas (bienes materiales, adicciones emocionales o químicas…).

De este fenómeno se deriva el tremendo éxito por ejemplo de las religiones, de los medios de comunicación o de los sistemas de propaganda publicitaria. De golpe y plumazo se me exime del doloroso proceso que conlleva decidir. Una opción anula el resto. ¿Será la correcta? ¿Será la buena?

Precisamente aquí está en gran medida la raíz del problema: la individualidad (o lo que es lo mismo la indivisible dualidad). Aquí empieza mi proceso de división. Aquí empieza mi violencia. El origen de mi conflicto reside en gran medida en este proceso de separación. Cuando nací, me “separaron” de mi madre. A partir de ese momento se empieza a construir la ilusión de separación e independencia. A los pocos meses se empezó a forjar mi identidad.

La física cuántica ha demostrado una serie de eventos que validan precisamente lo que algunas tradiciones ancestrales como el hinduismo llevan apuntando desde hace millones de años: somos uno. Los físicos lo llaman el campo unificado. Me encanta el término. “Campo” me evoca naturaleza, y “unificado” el nexo de todo. Dentro del mundo de posibilidades nuestro consciente colectivo materializa una realidad específica.

Si en mi consciencia dejo de una lado la ilusión de separación y trabajo en la comprensión de la unidad, la dualidad dejar de tener sentido. Ya nada es bueno ni malo. Ya nada es correcto e incorrecto. Todo es armonía. Todo es perfección. Todo es amor. Todo simplemente es. 

Para comulgar con esta visión no niego que hace falta sentir una gran dosis de confianza. En esta visión de la realidad absolutamente todo tiene un propósito, todo es una oportunidad que me acercar a un nivel de consciencia de unicidad y  amor.

Quizá sea un buen momento para definir cómo entiendo el amor. Para mi es un deseo de prosperidad, un apoyo y una aceptación incondicional fuera de todo juicio donde no hay espacio para el control, ni para el apego. Es un impulso de unión.

En el individuo hay siempre una duda vinculada a la dualidad. En la unidad no hay duda. En el individuo hay imperfección, la unión solo puede ser perfecta.

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