¿Qué es?  Creo que es esa vocecilla interior que me habla. Yo soy el que escucha. Mi espíritu atiende a mi mente. Además no tiene ningún interés en contestar. Se dedica a sentir en sintonía con mi diálogo interior.

Una de mis grandes pasiones es el diseño. Siempre lo ha sido. Mi gran inspiración es la naturaleza. A esta corriente se le denomina biomímesis (de bio, vida y mimesis, imitar). Imitar los mecanismos de la vida. Me parece que no puede haber nada más obvio.

¿Por qué me refiero al biomimetismo? Mi impresión es que ciertas formas en la naturaleza encierran un mensaje preciso. Voy a hablar un poco del órgano más sofisticado que la evolución ha desarrollado: el cerebro humano.

Físicamente consta de dos hemisferios totalmente independientes; dos fuentes cognitivas muy diferentes. Si pudieras sostener en este momento tu cerebro  entre las manos, cada hemisferio caería hacia un lado por su propio peso. Este órgano sigue siendo un gran misterio para la ciencia dada su complejidad. En cualquier caso, se han descubierto algunos aspectos muy interesantes.

Para empezar, y volviendo a la voz en mi cabeza, se puede afirmar que el ego vive en el hemisferio izquierdo. Las personas que sufren daños en este área, pierden las habilidades del lenguaje así como la noción de su propia identidad.

Esta zona del cerebro piensa lineal y metódicamente. Seleciona detalles muy específicos del presente para registrar momentos. Asocia las nuevas experiencias con todo el pasado, y proyecta hacia el futuro todas nuestras posibilidades. Básicamente organiza, categoriza, y almacena nuestras vivencias. Piensa en entidades y fragmenta para poder etiquetar cada parte. Además sufre el sesgo de mis creencias: decide quedarse con lo que considera importante, lo que ayuda a validar lo que creo ser. Delimita la consciencia de mi espacio físico. Es lo que define mi identidad en base a mi experiencia vital.

A diferencia de este, nuestro hemisferio derecho tiene que ver con el momento presente, el aquí y el ahora. Es el receptor de toda la ingente cantidad de información que percibimos por medio de nuestros sentidos a cada instante. Piensa en imágenes y aprende cinestésicamente mediante el movimiento de nuestros cuerpos. Es un lugar sin fronteras físicas.

Nuestra individualidad procede únicamente de una mitad de nuestro cerebro. La otra fluye en una mar de energía sensorial.

Creo que vivimos en la ilusión de que somos predominantemente nuestro hemisferio izquierdo. La meditación, por ejemplo, nos conecta con nuestro hemisferio derecho, donde nos es posible sentirnos parte de un todo.

Creo que además se tiene la tendencia a mirar al cerebro como el órgano por excelencia, y considero que existe una interacción mucho más compleja de lo que pensamos con otros órganos. Hace poco más de un año leía atónito que en nuestros intestinos hay una red de más de cien millones de neuronas. A nivel energético, por ejemplo, el corazón es unas 100 veces más potente que el cerebro eléctricamente y 5000 veces más potente a nivel magnético. Disciplinas ancestrales como el yoga llevan hablando miles de años sobre los chakras. Ahora parece que la ciencia  empieza a validar estos conocimientos.

Sinceramente creo que estamos en la antesala de una revolución cognitiva. Llega un cambio de consciencia. Estamos en un punto de confluencia holística entre todas las tradiciones espirituales y la propia ciencia. Al menos así lo siento.

La gente con un pensamiento predominantemente científico me dirá que lo que somos tiene que ver con nuestra actividad cerebral. La realidad es que la ciencia no ha localizado la consciencia. Hace tiempo escuché una metáfora en este sentido que me encantó.Quizá nuestro cerebro es como un ordenador. Cuando desconectamos el enchufe, el ordenador deja de funcionar. Eso no quita para que la corriente siga ahí, y lo que nosotros somos , tal vez sea esa energía universal.

He pensado durante mucho tiempo que el ego era algo malo. Ahora veo que es parte de lo que somos. El problema son los “ismos”.Vivimos en el Ego-ismo. La geometría de nuestro cerebro nos habla de equilibrio.

El ego va ganando la batalla entre nuestros dos hemisferios. Le llevo toda mi vida entregándole mi poder. Quiere controlarme , y para eso no duda en usar todas las herramientas de manipulación de las que puede hacer uso. Me habla con desprecio, me intimida para generarme dudas sobre mi valía, me convence para que me instale en la pereza y en el miedo. Es como un niño malcriado y caprichoso que suplica atención. Quiere siempre más control sobre mí.

Ahora entiendo que la raíz del conflicto no está en el ego en sí mismo, sino en el “ismo”. Estoy en un proceso de domesticación de mi ego. Lo contemplo. Lo comprendo. Lo siento. Tengo compasión con él, pero no permito que me defina. Soy el que escucha, no el que habla. En cualquier caso las palabras, y en general el lenguaje, tienen un increíble potencial para hacer el bien, en nosotros, y en los demás. Nos ayudan a comunicarnos y a colaborar. Son otra herramienta muy poderosa para relacionarnos con parte de lo que somos.

Todos somos unos. Por tanto soy la propia energía del universo. No encajo en algo tan pequeño como el ego.

Es irónico que precisamente la derecha se vincule a la unión, y la izquierda a la individualidad. Vivimos en el mundo al revés..