Acupuntura Social

Pequeños cambios, grandes transformaciones.

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Me declaro la Paz

Hace poco leía que para poder construir con armonía, libre de cargas emociones, con el poder y la abundancia que el universo me permite expresar, lo primero que debía admitir es que soy un fracaso.

Tengo que aceptarlo, no he logrado todas las metas que mi ego anhelaba para mi. No tengo la vida que tantas veces proyecté. No estoy en el sitio que imaginaba. No tengo pareja. No soy rico. No tengo el cuerpo de un escalador. No bailo como Fred Astaire. No he viajado por todo el mundo. No he aprendido a cantar ni a tocar la trompeta. Las adolescentes no me reconocen  por las calles. Es curioso, cuando uno reflexiona sobre ello se da cuenta de que ha llegado a pensar que todo lo que había idealizado se cumpliría. En ese momento uno reconoce su propia locura  (y este sea el primer pasito para dejar de estarlo).

Las ideas son solo eso, ideas. Por eso se llaman “ideales”, sin un plan de acción no son más que pensamientos mágicos que ciertamente entretienen, pero no son más que la sopa boba mental que todos conocemos.

Ahora comprendo que si admito que soy un fracaso me libero de esa presión y de esa carga. Lo admito, no soy todo lo que esperaba, y además estoy en paz con ello. ¡Chúpate esa! Si lo piensas ese es un duro golpe para el ego. Es un reseteo épico que me permite caminar sin peso extra (y quiero confesarte que había acumulado mucho).

No somos nuestra mente, somos mucho más. Hay lecciones que nos nos podemos saltar. Hay procesos incómodos. Pero no me  enfrento con “problemas”, encaro las “lecciones” con la alegría y el reconocimiento de que esta experiencia no es más que un delicioso juego para que aprenda a amar, para que reconozca mi verdadera naturaleza.

“¿Ahora hacia dónde?” Voy a relajarme, disfrutar, observar y empezar a escuchar lo que el cosmos tiene empeñado que aprenda. Voy a dejar que las cosas pasen,  en lugar de empeñarme en que ocurran. Voy a mirar la cartas que tengo en mi mesa en lugar de esperar una baza mejor. He decidido dejar de preguntarme qué me debe el universo y centrarme en qué puedo aportar a los demás.

Tal vez sea un buen momento para reflexionar sobre el amor. Me apetece practicar de una forma más sana*  (*Nota: Empezando conmigo). Sin esperar nada a cambio. Disfrutando de ese magnífico misterio que tiene la única energía que existe que ¡crece cuando la das!

Me resulta muy irónico que estemos en un momento de “vanguardia tecnológica”  y en pleno desarrollo de “nuevas fuentes de energía” y tengamos tan olvidada nuestra propia luz y nuestras propias baterías vitales.  Trabajar en mi energía y poder personal me están haciendo comprender que la libertad y la voluntad para optar por lo que de verdad quiero (en lugar de lo que  quiero ahora mismito) reside en el nivel de vibración y frecuencia que emite mi ser. Cuanto más alto es mi nivel de energía, más sencilla es mi vida. “¿Difícil?” ¡Pues claro! “¿Merece la pena” Creo que sí. Pero como decían los estoicos, si quieres una vida fácil, vas a tener que tomar decisiones difíciles.

Otro lastre que voy soltanto poquito a poquito es el de la culpa. Es muy muy muy importante comprender  bien la culpa ya que es un programa mental que quita mucha energía vital. Me he dado cuenta de que en muchas ocasiones esa disonancia entre lo que decidía hacer, y lo que de verdad hacía, me generaba una culpa tremenda. Pero recuerda, hemos firmado la paz. Toda esa culpa ya no está. He aceptado mi fracaso. Me he perdonado de ahora en adelante. He sido amoroso conmigo y me permito avanzar con el espacio para equivocarme y seguir aprendiendo. No hay ninguna prisa. Lo que no aprenda ahorita…pues ya lo aprenderé más adelante.

 

 

Atracción

Hoy voy a hablarte de la atracción. Me ha parecido un tema interesante desgranar esa fuerza que hace permanecer a las personas unidas. Es un asunto harto complicado, ya que es una energía compuesta por varias fuerzas.

La primera, y las más obvia, es la admiración física. Para mí ha sido una auténtica obsesión. Le he dado mucho más poder del que me gusta reconocer.  Creo que en cierta medida he tenido la tendencia a divinizar la belleza. Un único pilar no mantiene un edificio, y el poder que otorga la belleza es la crónica de una muerte anunciada.  Puede ser una auténtica arma de doble filo atraer atención por la imagen. Debe ser fácil hacerse adicto a esa forma de aceptación  y poder. También quizá una estupenda máscara donde esconderse y mantener una distancia de seguridad. Sin duda  es una forma de manipulación muy efectiva. La belleza se puede usar de una forma muy disfuncional, y en general en nuestra sociedad quizá se haya desvirtuado el lugar que ocupa.

Parte de mi entrega a la belleza física en mis últimos años tenía que ver con mi necesidad de autoafirmar mi propio valor. Aún esta presente esta limitación, pero tener consciencia de ello me da mucha más libertad. Ahora por fin empiezo a experimentar  aquello de que la belleza esta en los ojos del que mira, y que la divinidad se esconde también en cada imperfección.

La segunda fuerza es la admiración emocional. Una persona que se hace responsable de sus emociones y logra no huir de ellas, es una persona fuerte, admirable y sin duda seduce por lo inédito que resulta en los tiempos que corren.  Estas maravillas únicas suelen ser además independientes y humildes. Han entendido que no son el instrumento de nadie. En el fondo el hombre busca una compañera, un vehículo de crecimiento. No quiero una hija y no quiero una madre. Quiero un espejo donde mirarme con el valor y la sensibilidad para decirme lo que necesito oir, y con la humildad para escuchar a los ojos. Alguien que comunique sus necesidades de forma directa. Alguien vulnerable en paz con sus sombras. Una mujer que lidera su vida conquista.

La tercera fuerza es la admiración espiritual. Esta tiene que ver con la relación que tenemos con algo más grande que nosotros, con los valores y las creencias propias de la esencia de la vida. Para mi es imprescindible esa relación. Es la que en cierto modo da un sentido y un propósito tanto a nuestra relación, como a la vida en general.

La última fuerza es la admiración intelectual. El humor, la curiosidad y  la creatividad son condimentos que potencian el sabor de la vida.

En mi experiencia también he podido observar que hay personas que logran ver lo que nadie ve, y que despiertan y potencian esas cualidades de una forma muy natural.

Creo que a menudo he creído que alguno de estos aspectos era más importante que el resto. Quizá no sea necesario tenerlo todo, y tal vez el perfeccionismo juego en mi contra ahí.  Tal vez en una nueva ocasión estoy intelectualizando algo que no se puede explicar. Lo que tengo claro es que la pareja tiene que amplificar lo que soy, y yo lo que es ella.

 

 

 

Mecanismos de defensa

El ser humano es una criatura del aquí y ahora, al igual que el resto de los mamíferos en este planeta. Toda nuestra consciencia esta enfocada a ayudarnos a permanecer en el espacio-tiempo actual ya que esto es imprescindible para poder sobrevivir. Tanto nuestra defensa como nuestra alimentación son efectivas en la medida que podemos estar conscientes en este aquí y ahora.

En la mayoría de las escuelas de desarrollo se enseña que permanecer observando y experimentando en el aquí y ahora no solo es la forma de mantenernos sanos y sin angustia, sino más aún es la forma de iluminarnos y de liberarnos. El aquí y ahora es la semilla de lo eterno y trascendente.

Cuando una persona experimenta algo que es muy difícil de integrar, de asimilar, entran en juego toda una serie de procesos de protección de la integridad del ser, incluyendo su presencia en el aquí y ahora. Aparte de esta protección, estos mecanismos tratan de que la experiencia no asimilada sea de alguna manera pospuesta para que después en un momento más favorable, podamos revivir la experiencia y asimilarla.

Todos estos mecanismos de defensa ocurren automáticamente y están regidos por el inconsciente por lo que generalmente su acción y presencia no es detectada por el consciente de la persona que los esta viviendo.

Con el paso del tiempo, estos mecanismos de defensa se van saturando por decirlo así de material no asimilado y empiezan a funcionar no solo para conservar la integridad de la persona sino que empiezan a convertirse en un problema porque actúan como mecanismos sostenedores de inconsciencia. Nuestras mismas defensas empiezan a convertirse en cadenas que nos mantienen en una constante lucha y defensa contra enemigos que muchas veces dejaron de existir hace años.

Normalmente esto pasa en la vida, algunas cosas las integramos y otras cosas no, la identidad verbal, la identidad consciente tiene que describir el mundo, dice”haber, haber, que paso aquí, aquí falta información”, la rehace, llena los huecos, y así vivimos tranquilos en la vida, y muchas veces pasa que nuestra historia, nuestra memoria, esta totalmente alterada de los hechos reales y nos convencemos que esa “historia “ es lo real.

Y eso pasa, porque nuestra identidad verbal tiene que tener una secuencia lógica y creamos toda una explicación de la realidad. Entonces, lo que sucede es que si tienes una experiencia que te esta sacando del aquí y ahora y que es dolorosa y que no puedes estar manejando, parte o toda la experiencia se guarda, queda aislada y esto es obviamente se transforma en un CA o un sámskara, y la persona regresa al aquí y ahora.

Ahora lo que pasa, es que entre más va pasando tiempo, es más difícil regresar al aquí y ahora porque se ve cargando la consciencia de momentos sin asimilar, entonces, más y más te vas alejando del aquí y ahora, vas perdiendo ese contacto, y más y más vas entrando en ansiedad y más y más empiezas a elaborar mecanismos de defensa más y más complejos para llenar los huecos, para explicarte, para estar tranquilo, para estar en el aquí y ahora, etc., etc., pero los mecanismos de defensa no son malos, lo que están pretendiendo es mantener al individuo en el aquí y ahora.

En la psicoterapia ontogónica vemos los mecanismos de defensa como un proceso de protección que en la medida que la persona se va desarrollando se van haciendo más ricos y complejos y también en la medida que las experiencias no asimiladas crezcan en número o en intensidad los mecanismos crecen en su complejidad y toman más energía libre de la persona, llegando a minar la salud y gozo de vivir.

Dividimos los mecanismos de defensa en cuatro sistemas yendo del más simple al más complejo. Cada sistema es sostenido por una dinámica particular que en esencia es inconsciente. Y cada sistema cuenta con cinco mecanismos de defensa que van desde el más simple, al más complejo y el mecanismo que entre en acción va a depender de la intensidad de la carga de la experiencia no asimilada.

Advierto que a varios de los mecanismos de defensa conocidos, les damos nuestra propia explicación.

Los cuatro sistemas son los siguientes:

1) NEGACIÓN.
2) DISTORSIÓN.
3) JUSTIFICACIÓN.
4) REIDENTIFICACIÓN.

Las dinámicas de consciencia asociadas con los sistemas son:

1) NEGACIÓN- dinámica = Represión.
2) DISTORSIÓN – dinámica = Fantasía.
3) JUSTIFICACIÓN – dinámica = Intelectualización .
4) REIDENTIFICACIÓN – dinámica = Confusión.
Ahora explicaré cada uno de los sistemas.

I) NEGACION:

La integridad de la persona esta en peligro, no es capaz de integrar la experiencia, esta se niega como válida, real o como perteneciente a nosotros y se guarda para su integración posterior y de esa manera salvaguardar el aquí y ahora. El primer mecanismo, así como el más primitivo, es negar.

Para poder negar una experiencia básicamente necesitamos de la dinámica de Represión, o de la facultad y la posibilidad de reprimir. La dinámica de represión consiste en tomar la energía libre en el individuo, densificarla en un globulito y mandarla fuera del contexto. La represión implica un mecanismo de densificación, de solidificación. Es la dinámica básica que hace que el inconsciente guarde las cosas en cualquier mecanismode defensa.

Sus cinco mecanismos de defensa en orden de complejidad y seriedad son:

1) AISLAMIENTO EMOCIONAL:

En la medida que hay más represión, sectores enteros de la vida emocional empiezan aislarse, entonces la persona empieza a ser incapaz de sentir plenamente primero ciertas emociones y después todas.

2) DEFLECCIÓN:

La deflexión es como tener un blindaje en el cual todo te rebota nada te toca, ya no sólo has aislado aspectos emocionales de tu identidad emocional, sino que ahora aprendes a deflectar la realidad, o sea, la estas viviendo pero siempre un poquito de
ladito, atrás de un vidrio blindado.

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Lidera tu vida

¿Para qué necesitamos líderes?

Para inspirarnos y hacer uso de la experiencia y las herramientas de los que han dejado de huir del miedo y han sido capaces de responsabilizarse de él. Pero no podemos olvidar que somos nosotros los que tenemos que hacer el trabajo y convertirnos en líderes de nuestras propias vidas. Para ello es necesario estar preparado para hacer frente a la incomodidad que conlleva la autoevaluación y la autocrítica. Es un proceso por el que detectamos nuestras auténticas necesidades y trascendemos nuestros deseos, que en mayor medida tienen que ver con estrategias compensatorias de nuestro ego para evitar conectar con nuestro vacío existencial, nuestro miedo,  nuestra tristeza, nuestro aburrimiento o nuestro sentimiento de inferioridad.

El miedo nos hace distorsionar la realidad. Nos convierte en seres egoístas, narcisistas y autosuficientes. Liderar mi vida conlleva tomar una serie de decisiones conscientes que ordenan mis principales planos existenciales: el físico, el mental y el espiritual. Es un proceso en el que construyo una nueva estructura mental y cultivo una serie de hábitos que facilitan que mi amor propio y mi autoestima florezcan.

El orden me lleva a la libertad, a establecer prioridades, a adoptar compromisos conmigo mismo, a alinear lo que pienso, lo que siento y lo que hago, y a tener la disciplina para transformar todas esas decisiones en acciones conscientes. Estos son los pilares del trabajo cognitivo.

¿La promesa?

Llegar a entender mi lugar en el mundo, el propósito de mi existencia, mi auténtica vocación, aquello que amo y que surge de forma natural, esa habilidad con la que me es posible servir a los demás, que expande mi consciencia, que me conecta conmigo, con los demás, y con la propia inteligencia del universo. El camino que me libera de mi propia ambición, de mis deseos y mi vacío existencial. Cuando eliminamos todo el ruido mental y tenemos confianza, el universo se pronuncia. Cuando encuentro mi vocación dejo de necesitar público, no tengo la intención oculta de que me quieran o que me admiren, no mendigo afecto, no cultivo el valor que tengo por medio de lo que hago y conecto con mi misión en este plano de realidad. Es el punto donde logro comprender lo que el universo espera de mí. La primera vocación no es más que saber cuidar de mí mismo.

Cuando hemos desarrollado la habilidad para amar –tanto a nosotros mismos, como a los demás– tenemos la disciplina para trascender el ego, y respondemos a los retos cotidianos con madurezla vocación aparece. Para ello también es indispensable respetar a los demás, ver la realidad tal y como es, y no deformada en base a mis deseos y a mis necesidades.

Este no es un proceso fácil. Existe una pronunciada tendencia al desorden y a que el amor se estanque: la entropía. Si me quedo quieto y permanezco pasivo, me convierto en una víctima, conecto con la tristeza, con el desasosiego, con el sufrimiento existencial, con el miedo, con el egoísmo.

Liderar mi vida conlleva colaborar con ella, hacerme cargo de mí mismo y tener el valor de trazar límites para que me traten como quiero ser tratado. El cosmos ayuda a quien se ayuda.

 

¿Qué energía puede motivar esta transformación?

La alegría. La vida nos regala un programa por defecto, una energía vital inagotable que nos facilita aprender a relacionarnos con espontaneidad, amor y confianza con la realidad y con los demás. Un motor para explorar el mundo. El combustible para descubrir la verdad. La alegría es nuestro estado natural. Es la esencia de la motivación y del entusiasmo por vivir.

Si nuestros progenitores forjan en nosotros la creencia de que su amor es condicional, aparece el miedo. Aquí se empieza a reprimir ese sistema por defecto y empezamos a perder toda esa energía que el universo había puesto a nuestra disposición. Comenzamos a justificarnos, enajenarnos, caemos en la pereza, en la postergación, nos convertimos en las víctimas y en los verdugos de nuestra propia existencia. La buena noticia es que esa energía sigue ahí. Siempre estuvo ahí y siempre estará ahí, esperando que nos reconciliemos con el amor, y perdonemos, a nuestros cuidadores, y a nosotros mismos por haber creído aquellas mentiras.

La alegría es uno de los principios de la vida. El impulso por el que los pájaros entonan melodías cada día. El respeto es otro de ellos. De este surge la ley kármica o ley espiritual: “todo lo que haces a los demás te lo haces a ti”. Junta a esta, la ley de la adicción “todo lo que quiero controlar, me acaba controlando”.

Y de estas surgen los principios del poder. Yo decido en todo momento a qué dar poder. Puedo elegir dárselo al materialismo, a la imagen, a la drogas, al hedonismo, al sexo, a la tecnología, al miedo… También puedo ponerlo al servicio de los demás, a apoyar al amor y la vida, a la colaboración, al equilibrio, a la creatividad, a la felicidad.

Hay quién dirá que hay personas que no tienen el lujo de elegir ya que andan preocupadas en sobrevivir. No se puede negar que a veces existen condiciones adversas. Quizá precisamente ese mismo egoísmo es el que les está negando la puerta a la abundancia del universo. Todos sabemos que nuestro comportamiento implica una decisión consciente o inconsciente: crear o destruir energía. Nuestro equilibrio interno determina la congregación a la que nos vamos a unir.

 

¿Qué impedimentos solemos encontrar a la alegría?

Tomarse las cosas de forma personal suele ser uno de ellos. Nos damos demasiada autoimportancia y amplificamos los problemas pensando que tienen que ver con nosotros. La realidad es que la mayoría de los problemas y los conflictos son fruto de la confusión colectiva en la que vivimos. La interpretación de lo que nos acontece depende en gran medida de lo que somos, por tanto si alguien piensa algo de mí, tiene más que ver con esa persona que conmigo. La proyección, el principio psicológico por el que se enfatizan nuestras debilidades de carácter en los demás, es el fenómeno por excelencia. Cuando te conviertes en una persona completa que es capaz de responsabilizarse de sí misma, y dejas de necesitar a los demás, empiezas a ser consciente de ello y automáticamente dejas de tomarte las cosas de forma personal.

Otro aspecto que suele bloquear que la alegría fluya es el sentido de lealtad insana. Siento que debo hacer o sentir de cierta manera por mis familiares, amigos, compañeros de trabajo… Creo que me siento en deuda con mis padres, y me dejo manipular por ellos. La realidad es que ellos han elegido libremente tenerme y en todo caso yo soy su responsabilidad y no al contrario. Todo lo que no se hace de corazón, se acaba convirtiendo en una carga. Además no debemos olvidar que cuando alguien hace algo, siempre lo hace por él y para él, y nunca para ti. Por tanto si mis padres no extienden su amor en mí, sino que proyectan sus miedos, se germinará el anhelo de lo que realmente necesito: sentir su amor.

A menudo los padres reiteradamente recalcan el profundo sentido de sacrificio para con sus hijos. Tienes que tener muy claro que eso no es amor, es codependencia y un poderoso instrumento de manipulación.

La falta de aceptación de las circunstancias es otro de los tapones para la alegría. Cuando reconocemos que todos estamos interrelacionados, y que, a pesar de las posibles diferencias que podamos percibir, en el fondo todos tenemos intereses comunes, comenzamos a ver la realidad de otro modo.

También es muy común conectar con la inseguridad que conlleva dar el poder a otros para sentirnos bien. La negatividad, y en general la adicción al drama y al sufrimiento se convierten en un hábito si empeñamos el suficiente espacio mental y emocional en ello.

Cabe mencionar el deseo infantil de ser el centro de atención. La dependencia del afecto de los demás nos convierte en seres viles preocupados únicamente por cómo controlar a los demás.

La soledad puede ser otro aspecto que nos amputa que la alegría recorra nuestro ser. En este sentido es importante mencionar que hay una soledad funcional, y una soledad disfuncional. En la primera atesoro un espacio de tiempo que invierto en la introspección, una energía que empleo en regular mi espacio interno, en entender mi estado emocional, en conectarme y relacionarme con mi poder superior (Dios, el amor, la naturaleza, o cualquier forma de consciencia superior). Se trata de un tiempo donde además cultivar la idea de unidad, y experimentar la totalidad en la forma de mi propio ser.

La soledad disfuncional sin embargo la utilizo para autocompadecerme, la uso para reforzar la creencia de que nadie me quiere y de que estoy solo. La experimento básicamente como una forma de hacerme daño.    

La última fórmula para desconectar de mi alegría es la pereza. Esta poderosa inercia hacia la pasividad no es más que el miedo ante mi propia grandeza. Para mi fue una auténtica revelación comprender que la pereza es una forma de egoísmo. Es un estado de angustia donde niego mi libertad para elegir. La pereza me convierte en un mentiroso, y lo peor es que me miento a mí mismo una vez que he decidido lo que creo que es mejor para mi. La pereza es miedo al amor. La pereza me convierte en una mala persona.

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Afirmaciones

Creo mis pensamientos desde el amor a mi y a los demás.

Mis acciones están basadas en el amor.

Soy honesto conmigo, y con los demás.

Me siento capaz de hacerme cargo de mi de una forma responsable y amorosa.

Ayudo a los demás a crecer con libertad y dignidad permitiendo que elijan lo que es mejor para ellos.

Elijo sonreir a la vida.

Cultivo un espacio de juego e inocencia cada día.

Me permito sentir.

Logro percibir  siempre un ángulo jovial en lo que me acontece.

Entreno el agradecimiento y el aprecio a mi, a mi pareja, a mis amigos, a la madre tierra y a la conciencia universal todos los días de mi vida.

Un problema es siempre una oportunidad de crecimiento.

Permito que todos elijan su propio camino.

Voy a amar, y ser amado.

Creo en mi.

Me siento capaz de crear emociones positivas en mi y en otros.

Elijo estar presente y practicar la atención plena.

Soy libre.

Estoy sano.

Soy lo suficiente. Tengo todo lo que necesito.

Trato a las personas con amor.

Tengo compasión y respeto hacia mi, y hacia los demás.

Me lleno de emociones positivas para mi y para otros.

Me merezco lo mejor.

Tengo todo lo que necesito para ser feliz.

Mis sentidos, mi atención y mi consciencia me van a ayudar a comprender la realidad.

Voy a usar mi mente únicamente cuando la necesite.

Elijo tener una vida de constante crecimiento espiritual y emocional.

Soy una persona digna de confianza.

Construyo buenos hábitos que contribuyen a mi amor propio y mi autoestima.

Soy generoso conmigo y con los demás.

Soy paciente.

Me alimento de forma saludable y pausada.

Abrazo mi vulnerabilidad y la comparto.

Comunico mis necesidades de forma clara y directa.

Me relaciono con los demás usando el amor como referencia.

Soy el único responsable de mis sentimientos.

Me conecto con la alegría de vivir.

Medito cada día de mi vida.

Me perdono.

Elijo palabras que ayudan a elevarme a mi y a otros.

Mente ≠ Espítiru

Recientemente me he dado cuenta de la diferencia entre saber y comprender. Creo que saber tiene que ver con ser consciente de algo que antes desconocía. Comprender sin embargo para mi implica una respuesta ante esta toma de consciencia.  Se trata de una transformación necesaria para ser coherente con el nuevo conocimiento que he adquirido.

En los últimos meses he comprendido varias cosas que ya sabía. La más reciente tiene que ver con la diferencia entre el mundo espiritual y el mundo emocional.

Las emociones tienen que ver con procesos tanto conscientes, como inconscientes. Los pensamientos son el origen de toda emoción. A su vez estos se articulan a través de nuestras base de creencias. Estas se vertebran a través de varios componentes. Entre ellos: lo que hemos visto y hemos oído repetidamente a lo largo de nuestro infancia y desarrollo (con especial relevancia del comportamiento de nuestros padres, entre ellos, y con nosotros), los acontecimientos de intensa carga emocional en nuestro vida (situaciones traumáticas, muertes, enfermedades, comportamientos violentos etc…) y por último la carga genética que heredamos. En lo relativo a este último aspecto, la ciencia no tiene muy claro hasta qué punto la carga genética condiciona nuestra base de creencias. Hay quien opina que es un 5%, otros un 50 %. Personalmente creo que no tiene mucho sentido delimitar hasta que punto nos condiciona este aspecto. Creo que la genética es una aspecto relevante, ya que considero posible que a nivel celular se puede transferir una inercia hormonal que proviene de sentimientos cronificados en nuestros antecesores.

A diferencia de las emociones, la espiritualidad poco o más bien nada tiene que ver con los procesos cognitivos. Desde mi punto de vista tiene que ver con una aproximación a una verdad no filtrada por la mente. Se trata de un proceso de integración con el concepto de unidad.

Por tanto el entrenamiento emocional, y el entrenamiento espiritual, no son lo mismo. Los dos suponen un proceso evolutivo, cada uno en distintos aspectos. Además son totalmente complementarios y creo que el uno sin el otro tienen poco sentido.

En este sentido experimento una tremenda gratitud al ser consciente de una limitación enorme que he tenido a la hora de comprender  la realidad. Me he dado cuenta de que me he pasado la vida tratando de explicar a través de la mente. Cuando pienso, pienso “acerca de”, es decir, fragmento una entidad y elijo uno de sus aspectos para dar sentido al conjunto. Cuando pienso acerca de alguien o de algo, pienso en algún aspecto específico de ese algo o de ese alguien. Puedo seleccionar un rasgo de su carácter, como su intolerancia o su sentido del humor, su sentido estético, su torpeza. La revelación ha sido ser consciente que no se puede comprender nada a través de la fragmentación de sus partes, ya que la totalidad de las mismas es básicamente infinita. Por tanto es del todo ingenuo aproximarse a la comprensión de una entidad extrapolando la interpretación de uno de sus fragmentos a su totalidad.

Y es aquí donde aparece una palabra clave: interpretación. Nuestra verdad no es más que una interpretación de ese fragmento filtrada por nuestra base de creencias. Hacemos juicios en base a interpretaciones subjetivas, lo que no tiene ningún tipo de rigor.

¿Para qué sirven los juicios? Creo que los utilizamos para validar nuestras creencias.  En este sentido podemos realizar dos clasificaciones básicas en lo que a perfiles psicológicos se refiere: los que tienen una tendencia a la neurosis, y los que la  tienen a los trastornos de personalidad. El neurótico generalmente se siente responsable de todo lo “malo” que acontece en su vida. Se castiga y se siente culpable de su dolor. Las personas con trastornos de la personalidad sin embargo suelen responsabilizar al resto de personas o circunstancias de su sufrimiento. Esta aproximación es más propia de complejos narcisistas. En cualquier caso  ambos son manifestaciones de una falta de amor y expresiones de separación y desconexión.

Esta actitud vital no se produce en términos absolutos, y es posible la convivencia entre ambas predisposiciones, pero generalmente una de ellas prevalece en términos generales.

 El neurótico por tanto, va a hacer juicios que le sitúen en condición de inferioridad sobre el resto de personas con objeto de autoafirmar sus creencias. Las personas con trastornos de la personalidad a diferencia de los neuróticos, van a tener una tendencias a realizar juicios que potencien su valía a través de las descalificación y la condición de inferioridad de las personas que se crucen.

En ambos casos detrás de estas conductas no hay más que una falta de amor propio y una dificultad para aceptarse a uno mismo.

En contraposición a todo lo anterior, el entrenamiento de la “no mente”, supone experimentar la vida sin necesidad de un constante juicio de la realidad. Si “apagamos” la mente, y experimentamos la vida sin necesidad de interpretar, nos conectamos a un estado de consciencia donde no es relevante validar nuestras creencias, y nuestra individualidad para a una segundo plano. Entrenar esta capacidad abre un espacio donde experimentar el concepto de unidad. Un plano donde no es necesario separarme del prójimo para validar mi identidad.

Si estamos equipados de una mente, es que la mente tiene sentido. No quiero que se malinterpreten mis palabras. El pensamiento ocupa un lugar esencial en lo que somos, pero personalmente elijo que no sea mi única fuente de comprensión dadas las limitaciones mencionadas anteriormente. La virtud será por tanto encontrar el equilibrio entre el tiempo que ocupa la mente y la no mente,  lo emocional y  lo espiritual en nuestras vidas..

Mi revolución I

Me gusta el concepto de acupuntura. La idea de extrapolar este método a otros contextos no es mía. Hace ya muchos años un gran amigo me prestó el magnífico libro Acunpuntura Urbana del genial arquitecto Jaime Lerner. A partir de entonces creo que este pensamiento me ha perseguido. Se basa en el mismo principio por el cual cambios en lugares muy específicos, generan una inercia que transforma y equilibra el conjunto.

En este espacio voy a compartir mis impresiones en lo relativo a algunos posibles pequeños cambios que quizá podrían generar una inercia hacia un mundo más equilibrado.

Sin duda creo que el mayor cambio se produciría al transformarnos a nivel individual. Tomar consciencia y ser responsables de nosotros mismos para mi tiene el mayor potencial de transformación que existe. Cada uno de nosotros somos un poderoso punto energético que se integra en el conjunto de la sociedad. Por esto he decido empezar este espacio hablando de mi transformación personal.

El papel en blanco impone. Más si cabe cuando se ha de ordenar y resumir un proceso que ha supuesto una auténtica revolución interior. Si me paro a pensar, el principio de este camino se gesta en gran medida en mi anterior relación. Ella me contagió el amor por la psicología. De esto hace ya unos 4 años. He dejado de creer en la casualidad. Todo es causalidad.

A partir de entonces mi interés en este campo no ha dejado de crecer. En especial por la psicología positiva. No voy a profundizar mucho en este aspecto, ya que muy probablemente lo haré en un futuro. Simplemente diré que ha sido una fuente de inspiración relevante a la hora de adquirir hábitos que han incrementado mi nivel de bienestar.

Dada mi inclinación por la psicología, y gracias a un gran amigo, me sedujo la idea de asistir a una de las reuniones de  Codependientes Anónimos. Se trata de una fraternidad de mujeres y hombres cuyo objetivo es tener relaciones sanas con ellos mismos y con los demás: un entrenamiento emocional y espiritual que nos libera de la necesidad de utilizar a otros como nuestra fuente de identidad y aprobación.

Me pareció especialmente interesante que la metodología de trabajo de los 12 pasos la compartan cientos de miles de personas en el planeta en un sinfín de fraternidades  (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, Sexo Adictos Anónimos…). Mi ánimo por tanto era comprender porqué este sistema era capaz de ser una fuente de recuperación común y, saber qué verdad escondía, me producía una enorme curiosidad que se tradujo en la asistencia a mi primera reunión.

No podía imaginar que ese sería el comienzo de un viaje donde iba se iba a gestar una auténtica toma de consciencia sobre mi persona, y un análisis de los comportamientos que tenía para conmigo, y hacia los demás.

Las palabras son poderosas. En mi caso, la verbalización de algunas de las experiencias de los miembros de CODA han encendido una luz interior que ha iluminado un aspecto de mi mismo del que no era consciente. Y no hay vuelta atrás.

Además del trabajo de los 12 pasos, en CODA el cultivo personal se realiza a través de la asistencia de reuniones donde los miembros comparten en primera persona su proceso de análisis interior. El resto de miembros escucha sin que haya ningún tipo de respuesta ni juicio a la persona que comparte. Esto crea un espacio seguro, una atmósfera de aprobación, apoyo, respeto y amor, que no deja indiferente. Escuchar sin que haya nada que decir es una auténtica liberación tanto para el que habla, como para el que escucha, y toda una forma de terapia en sí mismo. Gracias a ello me ha dado cuenta de que al margen de nuestra procedencia, sexo, profesión etc… todas las personas sufrimos generalmente por cosas muy semejantes.

Hablar de mis fantasmas y expresar mis limitaciones en un entorno seguro,  transforma mis preocupaciones en algo más pequeño, menos avergonzante.  Hay un dicho que escuché hace poco: «La luz no conoce la sombra». Compartir ilumina mis problemas y los empequeñece,  ocultar mis miedos los magnifica.

Y aquí está una de las claves que me ha aportado el proceso: soy lo que alimento. Esto es un compromiso de toma de consciencia donde apago el automático y analizo qué me estoy dando, y qué estoy dando a los demás. En mi comportamiento reside la verdadera visión que tengo de mi. ¿Dónde decido poner mi tiempo y mi energía?¿Por qué?¿Para qué?

No es tarea fácil. No se puede apagar el automático de golpe. Tengo una inercia física, química y psíquica que se ha consolidado a lo largo de mi vida. Este es un proceso al que he de enfrentarme con paciencia, mucha compasión y comprensión.

Otro aspecto que  forma parte de este viaje, es definir y acotar el significado de palabras en cuya dimensión en ocasiones no había reparado: el amor, la felicidad, la alegría, la compasión, la gratitud, dios, sufrimiento, dolor, el ego…

“¿Qué es amar Javi?” No hace mucho una buena amiga me hizo esta pregunta poniendo en evidencia que nunca me había planteado algo tan importante. Había mucha confusión en una terminología que es clave en mi bienestar. Creo que en cierta medida es el primer paso a la hora de hacerme responsable de mi mismo. 

Este es también un proceso de contemplación. Es una proceso en el que se para de mirar hacia a otro lado cuando las sensaciones de angustia, ansiedad, vacío, soledad y tristeza llegan a mi vida. Es un proceso en el que deja de tener sentido escapar de esos sentimientos a través cualquier tipo de adicción o desconexión, ya que empiezo a ser consciente de que no hay nada que temer, y que huir solo me aleja de comprender y paliar esta sensación de vacío. Trabajo en no rechazar ninguna emoción, y las experimento como parte inherente del proceso de despertar interior. Dejo de catalogarlas y amplificarlas por medio de procesos mentales. Vivo cada emoción como una pista hacia un autoconocimiento. Las empiezo a entender como oportunidades de crecimiento.

Creo que este tipo de sensaciones  tiene que ver en gran medida con la angustia que me produce no saber si las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida han sido o no han sido acertadas. Tiene que ver con la ansiedad que me genera pensar que no soy lo suficiente, que no he hecho lo suficiente, que no he sacado todo el jugo a una vida que se me escapa entre las manos.

Aparento saber quién soy y qué quiero. En lo más profundo de  mi corazón soy muy consciente de esta ilusión y la realidad es que en la mayor parte de las ocasiones no tengo ni la menor idea de porqué ni para qué estoy aquí.

Dadas estas circunstancias y que me incomoda esta realidad, generalmente decido delegar mi poder para definir mi identididad y lo deposito en otras personas u otras cosas (bienes materiales, adicciones emocionales o químicas…).

De este fenómeno se deriva el tremendo éxito por ejemplo de las religiones, de los medios de comunicación o de los sistemas de propaganda publicitaria. De golpe y plumazo se me exime del doloroso proceso que conlleva decidir. Una opción anula el resto. ¿Será la correcta? ¿Será la buena?

Precisamente aquí está en gran medida la raíz del problema: la individualidad (o lo que es lo mismo la indivisible dualidad). Aquí empieza mi proceso de división. Aquí empieza mi violencia. El origen de mi conflicto reside en gran medida en este proceso de separación. Cuando nací, me “separaron” de mi madre. A partir de ese momento se empieza a construir la ilusión de separación e independencia. A los pocos meses se empezó a forjar mi identidad.

La física cuántica ha demostrado una serie de eventos que validan precisamente lo que algunas tradiciones ancestrales como el hinduismo llevan apuntando desde hace millones de años: somos uno. Los físicos lo llaman el campo unificado. Me encanta el término. “Campo” me evoca naturaleza, y “unificado” el nexo de todo. Dentro del mundo de posibilidades nuestro consciente colectivo materializa una realidad específica.

Si en mi consciencia dejo de una lado la ilusión de separación y trabajo en la comprensión de la unidad, la dualidad dejar de tener sentido. Ya nada es bueno ni malo. Ya nada es correcto e incorrecto. Todo es armonía. Todo es perfección. Todo es amor. Todo simplemente es. 

Para comulgar con esta visión no niego que hace falta sentir una gran dosis de confianza. En esta visión de la realidad absolutamente todo tiene un propósito, todo es una oportunidad que me acercar a un nivel de consciencia de unicidad y  amor.

Quizá sea un buen momento para definir cómo entiendo el amor. Para mi es un deseo de prosperidad, un apoyo y una aceptación incondicional fuera de todo juicio donde no hay espacio para el control, ni para el apego. Es un impulso de unión.

En el individuo hay siempre una duda vinculada a la dualidad. En la unidad no hay duda. En el individuo hay imperfección, la unión solo puede ser perfecta.

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