Acupuntura Social

Pequeños cambios, grandes transformaciones.

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Categoría: Codependencia

Patrones de control

Patrones de control: Los codependientes…

  • Creen que la mayoría de las personas son incapaces de cuidarse a sí mismas.
  • Tratan de convencer a otros de lo que deben pensar o sentir.
  • Ofrecen consejos y guía sin que nadie se lo pida.
  • Se resienten cuando otros rehúsan su ofrecimiento para ayudarlos.
  • Hacen favores y regalos a otras personas sobre las que quieren influir.
  • Usar el sexo para lograr aprobación y aceptación.
  • Tienen que sentirse necesitados para tener una relación con los demás.
  • Exigen a otros que satisfagan sus necesidades.
  • Utilizan el encanto y el carisma para convencer a otros de su capacidad de ser cariñosos y compasivos.
  • Usan la culpa y la vergüenza para explotar a otros emocionalmente.
  • Se niegan a cooperar, hacer compromisos o negociar.
  • Adoptan una actitud de indiferencia, impotencia, autoridad o rabia para manipular los resultados.
  • Usan términos de recuperación en un intento de controlar la conducta de los otros.
  • Fingen estar de acuerdo con otros para obtener lo que desean.

El control es un mecanismo de defensa disfuncional directamente conectado con la creencia de que no soy lo suficiente y que vivir es un proceso doloroso. Se trata de una forma de adicción psicológica por la que se tiene la tendencia a juzgar constantemente el comportamiento de los demás como incorrecto.

El control es mi principal defecto de carácter. Llevo tiempo desgranando con ayuda de mi terapeuta las causas, el alcance y las consecuencias de que el  control sea una parte inherente a mí. No podía llegar a imaginar hasta qué punto el control está integrado en mi persona.

He aprendido muchas cosas en estos meses. Una de ellas es que a la persona a la que más controlo es a mí mismo. Mi ego utiliza los pensamientos compulsivos para inundarme emocionalmente e inducirme estados de los que deseo escapar. Estoy aprendiendo a detectar la compulsividad en mi mente y a poder pararla antes de que se disparen cadenas de pensamientos automáticos que me llevan a comportamientos compulsivos con la comida, el sexo o la procrastinación.

El control es una forma de egoísmo. Roba la libertad y la energía a las personas que manipulo para que me necesiten. Amputa la dignidad de los sujetos a las que hago creer que no son capaces de cuidar de sí mismos. Es una forma de mantener una distancia emocional con los demás, ya que si planteo que los comportamientos del otro son incorrectos, la respuesta natural va a ser que sientan malestar y que, en general, adopten un actitud defensiva.

Esta enfermedad se alimenta de dependencia a la aprobación de los demás y de la necesidad de tener la razón. Parte de la creencia de que tener razón es una forma de poder. Otra mentira. Tener esa enfermiza necesidad de tener razón no es más que una forma de debilidad e inseguridad. Lo que ahora lamento es que haber estado totalmente enfocado en convencer a los demás de mis ideas me ha robado la oportunidad de tener empatía, de lograr identificar lo que el otro necesitaba, y de haber contribuido a crear un clima amoroso donde cada uno exprese lo que desea con libertad sin que haya vencedores ni vencidos, un clima donde se celebran nuestras diferencias.

La necesidad de control pone en tela de juicio el plan pedagógico que la inteligencia del universo tiene para cada uno de nosotros.

Es una forma de vida donde el bienestar está muy ligado al resultado. Si no obtengo lo que quiero, o las cosas no salen como espero, conecto con la ira y con la frustración. Es verdaderamente ingenuo llegar a pensar que si las cosas no salen exactamente como imagino en mis trailers mentales, es que la vida no me está sonriendo.

El control está directamente conectado de igual modo a mi perfeccionismo. Querer ser o hacer algo perfecto denota pánico a que rechacen lo que hago o lo que soy. Mi control también se relaciona con mi profesión por tanto. Trato de acumular éxitos profesionales y riqueza como medida de aprobación y valoración de mi persona. Se trata de un espejismo que me hace tener la ilusión de que mi amor propio se puede gestar en algo externo.

También he tratado de controlar mi aspecto físico para buscar la aprobación que no encontraba en mí, en los demás. He estado muy condicionado en este sentido, ya que no solo he utilizado mi propia imagen como medida de valor, sino que he dado mucho poder a la imagen de las mujeres como motor de atracción sobre mí. Este comportamiento me comunica que soy una persona superficial y frívola.

No solo me controlo a mí mismo, sino que existe un amplio abanico de personas a las que trato de controlar: mis amigos, mi familia, mis compañeros de trabajo…

No creo que pienses que compartir todo esto es algo fácil para mí. No lo es. Está siendo un proceso muy incómodo. He decidido compartir mi defecto de carácter ya que por un lado confío en que tal vez le sea de utilidad a alguien que sufre por el mismo motivo. Por otro lado el control es una forma de soberbia, y permitirme ser vulnerable y tener la humildad para expresar que tengo un problema quizá sea parte de la solución. La honestidad es la mejor medicina para casi todo. De lo único que no podemos escapar es de la verdad. Antes o después nos vamos a dar de bruces contra ella.

Creo que he mejorado mucho pero estoy aún lejos de estar curado de esta enfermedad. Quizá te viene a la cabeza alguien que sigue este mismo patrón. Vivimos en una sociedad tan enferma que tal vez te parezca que es algo normal. No lo es. Tal vez sea una patología muy común, no por ello deja de ser una gran limitación para que seamos libres y seamos capaces de amar y ser amados.

Este es solo uno de los patrones de la codependencia. Para mí, el más acusado en mi comportamiento, pero definitivamente no es el único. Cuanto más profundizo en la codependencia, más me parece un programa de crecimiento espiritual y autoconocimiento perfecto. Es mágico cómo se ha logrado vertebrar una fórmula donde el origen de todo tipo de sufrimiento psicológico se puede identificar.

Como conclusión te puedo decir que una de las cosas más importantes que he aprendido del control es que sentirme conectado a los demás, integrarme espiritualmente con una energía única que trasciende a todos los seres, lleva inherentemente un proceso donde cultivo la idea de que todos somos iguales. Sentirme en alguna medida superior a los demás es una forma de invalidez emocional y espiritual.

Agentes Secretos

Ahora que ya nos vamos conociendo tengo que contarte algo que quizá te sorprenda; he pasado gran parte de mi vida siendo un agente secreto. A pesar de que ha tenido muchas ventajas, he decidido cambiar de profesión.

No dejarme ver ha sido una forma de control y una traición a mi propio ser. Mi comportamiento me ha comunicado que pensaba que no era lo suficiente. Ha sido una forma de aniquilar mi autoestima.

Ser agente secreto genera pánico crónico a que descubran mi verdadera identidad. Es muy complicado relajarse en un contexto así. Uno se toma muy en serio, lo que dificulta tomarse la vida con el humor y la filosofía que se precisa.

He desarrollado un sin fin de habilidades para esconderme. Ahora entiendo que ha sido una energía, una atención y sobretodo un tiempo muy mal invertidoDesde la negación a mi verdadero ser no se emite luz.

Cuanto más tiempo hacía ese papel, más me identificaba con el personaje, y menos tiempo me dedicaba a saber quien soy, o quién deseo ser. Ser honesto y permitirme ser yo además es dar la libertad al otro para que elija invertir su tiempo conmigo. En la deshonestidad y en la manipulación se puede dilapidar algo tan precioso como el tiempo de los demás.

Los agentes secretos son personas solitarias. No dan mucho espacio a la vulnerabilidad y para ello suelen suprimir los sentimientos de su vida. Tienen un fuerte sentido de deber. Se entregan al ingenuo convencionalismo de lo correcto y lo incorrecto. Es muy útil tener siempre un enemigo al que hacer responsable de tu destino y al que dedicar toda tu atención. De esta forma evitan tener que hacer frente a sus propios demonios.

Sus relaciones íntimas son muy superficiales y la imagen es el pilar central. Es evidente que no se entregan nunca a los demás. No son capaces de amar ni ser amados. Eso les expondría y tienen que evitarlo a toda costa. Son grandes maestros del disfraz y mimetizan todo aquello que pueda ser objeto de seducción y manipulación, todo lo que que sirva para conseguir lo que quieren.

Es muy curioso que la vida de los agentes secretos nos seduzca tanto. Habla de nuestra propia ingenuidad emocional y de nuestra putrefacta escala de valores.

Ahora toca perdonarme por haberme abandonado y reconciliarme con lo que verdaderamente soy. Lo más curioso es que dejar de ser agente secreto es un gran alivio. Creo que nunca me hubiera perdonado no haber empezado a ser un poquito más yo.

 

Deidades

Hablar de niveles de consciencia superiores es un tanto difícil para mí. Tengo mucha resistencia a utilizar el concepto de Dios, ya que me siento fuertemente condicionado por la influencia de las distintas religiones y tradiciones espirituales. Detrás de esta relación tan personal con formas de inteligencia sobrehumanas ha existido y existe una tremenda manipulación y control sobre las creencias y comportamientos en el género humano.

En general el hombre, y es especial en la cultura occidental, el pensamiento se organiza en torno a entidades, ya sean físicas o abstractas. Es posible conceptualizar y visualizar física o mentalmente los objetos: tú, yo, el coche, la comida… En gran medida nuestra mente está encadenada al mundo de las formas y los conceptos específicos. En mi concepción de Dios esta inercia bloquea la percepción de una idea no sujeta a una parcela específica de la realidad, sino a formas que trascienden a todos y cada uno de los elementos del universo.

Hay dos formas de consciencia superior con las que me siento especialmente identificado. Por un lado me relaciono con el campo inteligente de energía que une todos los elementos del universo: la propia consciencia del cosmos. Einstein dijo que no puede haber leyes en la naturaleza sin un legislador. Es esa chispa de vida en cada ser que nos brinda todas las herramientas que necesitamos para que progresemos por medio de nuestra experiencia vital.

Por otro lado conecto con una fuerza que asocio a la feminidad. Se trata de una fuente de creatividad y transformación. Es la encargada de velar por el bien común de todos los seres. Se ha representado y denominado de muchas formas a lo largo de la historia del hombre: Gaia, Atenea, Isis, Freya, Artemisa, Lilit, Selene, Xochiquétzal, Bastet, Yemayá, Nut, Ishtar…

No puedo evitar pensar que en la idea de la Virgen María se esconde ese mismo concepto de alguna forma ha sido mal interpretado. Esa madre con un bebé en las manos que fue concebido por el Espíritu Santo para mí nos es más que una metáfora y una representación de esa misma deidad.

El amor es hilo conductor entre ambas fuerzas: el que conecta la energía y la consciencia con la capacidad de crear y transformar. La unión entre lo masculino y lo femenino.

Al margen de estas dos fuerzas universales, personalmente creo que existen muchos más niveles en diferentes planos de consciencia. Simpatizo con la idea de la reencarnación como forma de evolución espiritual. También con que en cierta medida arrastramos un bagaje emocional vinculado vidas anteriores.

Las religiones no son más que distintas metáforas sobre estas formas de consciencia. También la síntesis de una serie de principios morales que es su gran mayoría y en prácticamente todas sus formas dicen esencialmente lo mismo. Se trata de verdades universales inherentes a nuestra propia evolución. De ahí el calado en las diferentes civilizaciones.

Pero todo concepto que vibra en el imaginario colectivo puede ser un potente instrumento de manipulación. Si en lugar de entender que es el mismo mensaje envuelto en diferentes símbolos, se cae en la ingenuidad de otorgar una genuinidad y una autoría específica a estas ideas se vertebra el caldo de cultivo perfecto para el conflicto.

Mi relación con esta formas de energía ha evolucionado mucho en los últimos años. En general están más presentes en mis días. En mi rutina de meditación diaria introduzco el agradecimiento y el amor incondicional a ellas. En general creo que es importante dejar claro a esas fuerzas mis necesidades y deseos, pero no como una forma de requerimiento, sino más bien como una forma de comunicación e intercambio. Pensar que puedo saber o intuir lo que de verdad necesito en esta experiencia como hombre en la tierra de nuevo denotaría una tremenda necedad.

Para los escépticos me gustaría acabar con una reflexión. Por un lado, en general, tenemos una visión catastrofista del hombre. Eso nos hace tener serias dudas sobre este tipo de fuerzas. Personalmente creo que existe una clara evolución de la conciencia en el hombre;  el problema es que solemos evaluar el desarrollo de nuestra curva evolutiva sobre la base del ínfimo período que duran nuestras vidas. Nuestro ego no solo quiere que las cosas cambien, sino que desea experimentar el cambio. Creo que en los próximos 1000 años veremos una profunda transformación de nuestra especie, y un milenio en el tiempo del universo y del hombre no es más que una gota en el océano.

Creer en algo más grande que nosotros es lo más práctico que puede existir. En el fondo todo pensamiento es una forma de interpretación de la realidad. Podemos por tanto elegir ser una casualidad y sentirnos solos, o bien estar conectados a formas de inteligencia que velan por nuestros intereses. ¿Qué crees que te va a hacer sentir mejor en este corto período en este plano de la realidad?

Mi revolución II

Hay momentos que lo cambian todo. Para mí uno de ellos fue la primera vez que se leían en voz alta los patrones de codependencia en mi primera reunión de CoDA. Había llegado por casualidad. Yo era feliz. No estaba sufriendo. No había tocado fondo. Y eso, precisamente eso, hace que este proceso aún sea más especial para mí.

Me identifiqué con varios patrones. Pero la lectura de las características de los patrones de control tambalearon mi conciencia:

“Los codependientes creen que la mayoría de las personas son incapaces de cuidarse. Tratan de convencer a los demás de lo que deben pensar, hacer y sentir. Ofrecen consejos y guía sin que nadie se los pida. Se resienten cuando los demás rechazan su ayuda o consejos. Despilfarran en regalos y favores para las personas sobre las que desean influir. Usan el sexo para obtener aprobación y aceptación. Tienen que sentirse necesitados para tener una relación con los demás. Exigen que los demás satisfagan sus necesidades. Utilizan el encanto y el carisma para convencer a los demás de su capacidad de ser cariñosos y compasivos. Usan la culpa y la vergüenza para explotar emocionalmente a otras personas. Se niegan a colaborar con otros, hacer compromisos o negociaciones. Adoptan una actitud de indiferencia, impotencia, autoridad o rabia para manipular. Usan jerga de recuperación en un intento de controlar la conducta de los demás. Fingen estar de acuerdo con los demás para obtener lo que desean.”

Releo y siento de nuevo ese escalofrío que subió por mi espalda. No tenía ni un atisbo de duda: soy un controlador. ¿Y ahora qué?, ¿Por qué y para qué controlo?.

Como la gran mayoría de los trastornos emocionales y la mayor parte de la disfuncionalidad en mi vida parten del mismo punto: la falta de amor. He desarrollado estrategias que tienen un único objetivo…que me quieran. Si deposito en los demás el poder para sentirme querido básicamente dejo de ser libre.

Mi bienestar proviene en gran medida de la calidad de las relaciones emocionales que tengo con los demás. El único problema es que si no tengo una relación sana conmigo mismo, cualquier relación que trate de establecer con los demás, estará condicionada con esa circunstancia. Esta falta de responsabilidad proyectará mis carencias en los demás. Precisamente esta fraternidad se llama Codependientes anónimos, y no Dependendientes Anónimos, porque que yo no me haga responsable de mí mismo, no solo me genera una dependencia a los demás, además fuerza a otros a ser responsables de lo que yo soy incapaz de gestionar, por tanto es una forma de violencia. Ahí precisamente empieza la disfuncionalidad.

He aprendido en este proceso que el sufrimiento en gran medida viene ligado a hacernos responsables de algo más que nosotros mismos. Si nos centramos en nuestros comportamientos y nuestros sentimientos, todo fluye. No es egoísmo, es amor. Si cultivo un estado de serenidad, aceptación, compasión, gratitud y amor hacia mí, esto es lo que tengo que ofrecer a los demás. Somo espejos. Estamos diseñados así.

Acabo de compartir mi primer paso del programa con mi padrino hace unos días. El primer contacto con este proceso de introspección tiene que ver precisamente con el control. En él “admitimos que éramos impotentes y que nuestra vida se había vuelto ingobernable”.

No ha sido fácil para mí ya que la autosuficiencia ha sido una de las características principales de mi carácter. Admitir que no puedo gestionar yo solo mis defectos de carácter ha sido la primera lección de humildad necesaria hacia mi transformación.

He aprendido mucho escribiendo mi primer paso. Me he dado cuenta de cómo, por qué y para qué trato de controlar a los demás. ¿Cómo controlo? Hay varias formas. Uso mi capacidad  dialéctica,  mi inteligencia y mi cultura para tratar de imponer a los demás mis ideas. Si me paro a pensar quizá haya escogido dedicarme al marketing y a la comunicación por la capacidad de manipulación e influencia que me daban sobre el resto.

También he intentado cuidar a los demás para hacerles dependientes de mí. He buscado en ocasiones parejas a las que creía poder ayudar, mujeres a las que entendía que necesitaban ser salvadas. He usado el aprecio “condicional” por el cual si no se adoptan mis consejos u opiniones proyectaba que la otra persona no iba a ser digna de mi cariño.

Me envuelvo de arrogancia y autosuficiencia para marcar una distancia y controlar que la gente no pueda ver mis inseguridades, mi falta de autoestima, mi pereza, y mi miedo al rechazo. Controlo el evitar conectar con sensaciones de angustia, culpabilidad, vergüenza, vacío y aburrimiento usando distintos tipos de adicciones o desconexiones. Congelo mis sentimientos y no me permito sentir emociones que me generan malestar.

¿Por qué controlo? Creo que tiene que ver con la creencia de que no soy lo suficiente. ¿Para qué controlo? Para evitar la vergüenza de que descubran lo que realmente creo que soy.

Ahora empiezo a sentir que no hay nada que temer. Me doy cuenta de que lo que soy es perfecto tal y como es. Que no tengo que ser, ni tengo que hacer absolutamente nada para tener valor. Lo que soy es ya, ahora, algo precioso.

En la fraternidad a este proceso se le llama la rendición. Creo que se denomina así porque se abandona la lucha interior en la que me castigo por mis defectos de carácter; acepto que no tengo el control sobre lo que acontece en mi vida.

Este es un proceso por el que estoy dejando atrás todo lo que no soy. Estoy adquiriendo unas herramientas tremendamente útiles que me están permitiendo percibir lo que realmente soy: un ser libre e importante.

Hay una palabra que tengo muy presente ahora: dignidad. Me he dado cuenta de que si trato de controlar a los demás no les concedo la dignidad de que se hagan responsables de sí mismos.

Este es un proceso que he emprendido con la ayuda de un colectivo que ha adquirido ese mismo compromiso. Me he embarcado en un viaje en el que otras personas que han logrado transformarse y adquirir esas herramientas comparten lo que les funciona. Es un camino donde se me permite sentir y compartir las victorias y las derrotas diarias en un entorno seguro que me recuerda que cada día se puede entender como el triunfo de toda una vida.

Soy Javier, y soy codependiente.

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Mi revolución I

Me gusta el concepto de acupuntura. La idea de extrapolar este método a otros contextos no es mía. Hace ya muchos años un gran amigo me prestó el magnífico libro Acunpuntura Urbana del genial arquitecto Jaime Lerner. A partir de entonces creo que este pensamiento me ha perseguido. Se basa en el mismo principio por el cual cambios en lugares muy específicos, generan una inercia que transforma y equilibra el conjunto.

En este espacio voy a compartir mis impresiones en lo relativo a algunos posibles pequeños cambios que quizá podrían generar una inercia hacia un mundo más equilibrado.

Sin duda creo que el mayor cambio se produciría al transformarnos a nivel individual. Tomar consciencia y ser responsables de nosotros mismos para mi tiene el mayor potencial de transformación que existe. Cada uno de nosotros somos un poderoso punto energético que se integra en el conjunto de la sociedad. Por esto he decido empezar este espacio hablando de mi transformación personal.

El papel en blanco impone. Más si cabe cuando se ha de ordenar y resumir un proceso que ha supuesto una auténtica revolución interior. Si me paro a pensar, el principio de este camino se gesta en gran medida en mi anterior relación. Ella me contagió el amor por la psicología. De esto hace ya unos 4 años. He dejado de creer en la casualidad. Todo es causalidad.

A partir de entonces mi interés en este campo no ha dejado de crecer. En especial por la psicología positiva. No voy a profundizar mucho en este aspecto, ya que muy probablemente lo haré en un futuro. Simplemente diré que ha sido una fuente de inspiración relevante a la hora de adquirir hábitos que han incrementado mi nivel de bienestar.

Dada mi inclinación por la psicología, y gracias a un gran amigo, me sedujo la idea de asistir a una de las reuniones de  Codependientes Anónimos. Se trata de una fraternidad de mujeres y hombres cuyo objetivo es tener relaciones sanas con ellos mismos y con los demás: un entrenamiento emocional y espiritual que nos libera de la necesidad de utilizar a otros como nuestra fuente de identidad y aprobación.

Me pareció especialmente interesante que la metodología de trabajo de los 12 pasos la compartan cientos de miles de personas en el planeta en un sinfín de fraternidades  (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, Sexo Adictos Anónimos…). Mi ánimo por tanto era comprender porqué este sistema era capaz de ser una fuente de recuperación común y, saber qué verdad escondía, me producía una enorme curiosidad que se tradujo en la asistencia a mi primera reunión.

No podía imaginar que ese sería el comienzo de un viaje donde iba se iba a gestar una auténtica toma de consciencia sobre mi persona, y un análisis de los comportamientos que tenía para conmigo, y hacia los demás.

Las palabras son poderosas. En mi caso, la verbalización de algunas de las experiencias de los miembros de CODA han encendido una luz interior que ha iluminado un aspecto de mi mismo del que no era consciente. Y no hay vuelta atrás.

Además del trabajo de los 12 pasos, en CODA el cultivo personal se realiza a través de la asistencia de reuniones donde los miembros comparten en primera persona su proceso de análisis interior. El resto de miembros escucha sin que haya ningún tipo de respuesta ni juicio a la persona que comparte. Esto crea un espacio seguro, una atmósfera de aprobación, apoyo, respeto y amor, que no deja indiferente. Escuchar sin que haya nada que decir es una auténtica liberación tanto para el que habla, como para el que escucha, y toda una forma de terapia en sí mismo. Gracias a ello me ha dado cuenta de que al margen de nuestra procedencia, sexo, profesión etc… todas las personas sufrimos generalmente por cosas muy semejantes.

Hablar de mis fantasmas y expresar mis limitaciones en un entorno seguro,  transforma mis preocupaciones en algo más pequeño, menos avergonzante.  Hay un dicho que escuché hace poco: «La luz no conoce la sombra». Compartir ilumina mis problemas y los empequeñece,  ocultar mis miedos los magnifica.

Y aquí está una de las claves que me ha aportado el proceso: soy lo que alimento. Esto es un compromiso de toma de consciencia donde apago el automático y analizo qué me estoy dando, y qué estoy dando a los demás. En mi comportamiento reside la verdadera visión que tengo de mi. ¿Dónde decido poner mi tiempo y mi energía?¿Por qué?¿Para qué?

No es tarea fácil. No se puede apagar el automático de golpe. Tengo una inercia física, química y psíquica que se ha consolidado a lo largo de mi vida. Este es un proceso al que he de enfrentarme con paciencia, mucha compasión y comprensión.

Otro aspecto que  forma parte de este viaje, es definir y acotar el significado de palabras en cuya dimensión en ocasiones no había reparado: el amor, la felicidad, la alegría, la compasión, la gratitud, dios, sufrimiento, dolor, el ego…

“¿Qué es amar Javi?” No hace mucho una buena amiga me hizo esta pregunta poniendo en evidencia que nunca me había planteado algo tan importante. Había mucha confusión en una terminología que es clave en mi bienestar. Creo que en cierta medida es el primer paso a la hora de hacerme responsable de mi mismo. 

Este es también un proceso de contemplación. Es una proceso en el que se para de mirar hacia a otro lado cuando las sensaciones de angustia, ansiedad, vacío, soledad y tristeza llegan a mi vida. Es un proceso en el que deja de tener sentido escapar de esos sentimientos a través cualquier tipo de adicción o desconexión, ya que empiezo a ser consciente de que no hay nada que temer, y que huir solo me aleja de comprender y paliar esta sensación de vacío. Trabajo en no rechazar ninguna emoción, y las experimento como parte inherente del proceso de despertar interior. Dejo de catalogarlas y amplificarlas por medio de procesos mentales. Vivo cada emoción como una pista hacia un autoconocimiento. Las empiezo a entender como oportunidades de crecimiento.

Creo que este tipo de sensaciones  tiene que ver en gran medida con la angustia que me produce no saber si las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida han sido o no han sido acertadas. Tiene que ver con la ansiedad que me genera pensar que no soy lo suficiente, que no he hecho lo suficiente, que no he sacado todo el jugo a una vida que se me escapa entre las manos.

Aparento saber quién soy y qué quiero. En lo más profundo de  mi corazón soy muy consciente de esta ilusión y la realidad es que en la mayor parte de las ocasiones no tengo ni la menor idea de porqué ni para qué estoy aquí.

Dadas estas circunstancias y que me incomoda esta realidad, generalmente decido delegar mi poder para definir mi identididad y lo deposito en otras personas u otras cosas (bienes materiales, adicciones emocionales o químicas…).

De este fenómeno se deriva el tremendo éxito por ejemplo de las religiones, de los medios de comunicación o de los sistemas de propaganda publicitaria. De golpe y plumazo se me exime del doloroso proceso que conlleva decidir. Una opción anula el resto. ¿Será la correcta? ¿Será la buena?

Precisamente aquí está en gran medida la raíz del problema: la individualidad (o lo que es lo mismo la indivisible dualidad). Aquí empieza mi proceso de división. Aquí empieza mi violencia. El origen de mi conflicto reside en gran medida en este proceso de separación. Cuando nací, me “separaron” de mi madre. A partir de ese momento se empieza a construir la ilusión de separación e independencia. A los pocos meses se empezó a forjar mi identidad.

La física cuántica ha demostrado una serie de eventos que validan precisamente lo que algunas tradiciones ancestrales como el hinduismo llevan apuntando desde hace millones de años: somos uno. Los físicos lo llaman el campo unificado. Me encanta el término. “Campo” me evoca naturaleza, y “unificado” el nexo de todo. Dentro del mundo de posibilidades nuestro consciente colectivo materializa una realidad específica.

Si en mi consciencia dejo de una lado la ilusión de separación y trabajo en la comprensión de la unidad, la dualidad dejar de tener sentido. Ya nada es bueno ni malo. Ya nada es correcto e incorrecto. Todo es armonía. Todo es perfección. Todo es amor. Todo simplemente es. 

Para comulgar con esta visión no niego que hace falta sentir una gran dosis de confianza. En esta visión de la realidad absolutamente todo tiene un propósito, todo es una oportunidad que me acercar a un nivel de consciencia de unicidad y  amor.

Quizá sea un buen momento para definir cómo entiendo el amor. Para mi es un deseo de prosperidad, un apoyo y una aceptación incondicional fuera de todo juicio donde no hay espacio para el control, ni para el apego. Es un impulso de unión.

En el individuo hay siempre una duda vinculada a la dualidad. En la unidad no hay duda. En el individuo hay imperfección, la unión solo puede ser perfecta.

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